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PARAJES
NATURALES
Otro de los grandes atractivos
de nuestra comarca hay que buscarlo en los paisajes naturales
que dibujan las Sierras de Ayllón que incluye la Reserva
Nacional de Caza de Sonsaz-, de Reía, el Alto Rey,
Ministra o el Pico del Ocejón (a 2.048 metros de altura).
Desde aquí se pueden contemplar panorámicas
en las que se conjugan de manera armónica barrancos,
embalses artificiales, pinares, quejigares, sabinares o hayedos.
Una de las joyas de la Sierra Norte es el
Hayedo de Tejera Negra, en Cantalojas, declarado Parque Natural
en 1978. A este parque natural protegido habrá que
añadir próximamente el barranco del Río
Dulce, en las inmediaciones de s¡gúenza y también
en término municipal de Mandayona, Sauca, Torremocha
del Campo y Algora. En esta caso, la Consejería de
Agricultura y Medio Ambiente de Castilla-La Mancha declarará
paisaje protegido el cañón fluvial del río
Dulce, además de una zona periférica de protección.
El Hayedo de Tejera Negra, que abarca el
valle del río Sorbe y la umbría del río
Lillas tiene una superficie de 1.641 hectáreas. Su
bosque de hayas, uno de los más meridionales de Europa,
se convierte para los amantes de la naturaleza en punto obligado
de visita a lo largo de todo el año, aunque de forma
especial durante el otoño por la variedad cromática
que se puede contemplar. A las hayas les acompañan
otras especies como el acebo, el tejo, el abedul, los robles
o los pinos.
Mientras, el río Dulce y su cuenca
se incluyen desde el punto de vista geográfico en las
parameras de la Alcarria. De manera que se trata de una amplia
región llana y elevada que está cortada por
una red fluvial muy encajada que da lugar a profundos barrancos.
Esta configuración da lugar a un paisaje singular que
sirve de hábitat a una interesante representación
de aves rapaces, mamíferos carnívoros, vegetación
de ribera y en general a especies asociadas a roquedos, farallones
y cortados fluviales.
Sin embargo, la riqueza y los encantos del
Barranco del Río Dulce se ven ampliados gracias al
patrimonio religioso de su entorno, sus casas medievales,
los ejemplos de arquitectura popular -parideras, corrales,
palomares-o los castillos.
Otros espacios naturales que guarda
la Sierra Norte son el Valle del Cañamares, desde la
presa de Pálmaces hasta Pinilla de Jadraque, caracterizado
por la vegetación de ribera y cortados calizos, la
Chorrera de Despeñalagua en Valverde de los Arroyos
- un salto de agua de unos 100 metros-, la cueva de Harzal
en Olmedillas, los sabinares y la pequeña «ciudad
encantada» de Tamajón o la Laguna de Somolinos,
de origen glacial y donde nace el río Bornova. Precisamente
serán los ríos que recorren la sierra -El Bornova,
el Jarama o el Cañamares- los que en su discurrir configuren
barrancos de gran belleza, al tiempo que sus aguas frías
y cristalinas serán recogidas en los pantanos de Pálmaces,
Alcorlo y El Vado. Así encontramos parajes singulares
originados por estos ríos en el Jarama, entre los municipios
de Retiendas y Puebla de Valles o el valle del río
Salado, entre Santamera y Huérmeces del Cerro, en cuyos
barrancos encuentran cobijo una significativa población
de buitres.
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