| Ruta por el Hayedo de Tejera Negra
El Parque Natural del Hayedo de Tejera Negra
se encuentra en el rincón noroccidental de la provincia de
Cuadalajara, en el Término Municipal de Cantalojas, formando
parte del macizo de Ayllón, en el extremo oriental del Sistema
Central.
Este parque cuenta con cierta historia como espacio protegido. Ya
en 1974 se declara Sitio Natural de Interés Nacional y posteriormente
y en virtud de la Ley de Espacios Naturales Protegidos de 1975,
se declara Parque Natural en 1978, con una superficie de 1391 Has.
En 1987 se aprueba una ampliación del Parqueincorporát,dose
250 Has, sien- do la superficie actual de 1641 Has.
Los límites naturales del parque son los siguientes: Norte:
cauce del rio Lillas y provincia de Segovia.
Este: no existe una línea natural que marque el límite,
siendo ésta una línea administrativa que marca la
colindancia con el monte llamado "Los Cuarteles".
Sur: línea divisoria de las cuencas del río
jaramilla y Sorbe.
Oeste: línea de cumbres divisoria de las cuencas del
Tajo y Duero, donde se sitúan las cumbres más altas
del Parque (La Buitrera, Alto del Parrejón, Alto del Cervunalillo,
: Cumbres de las Becerras, Collado de las Lagunas y Peña
de la Silla).
El Parque comprende el tramo alto de dos valles de típico
perfil fluvial, el valle del Lillas y el valle del Zarzas, en cuyas
cabeceras nacen los ríos que les dan nombre. Se disponen
paralelos, con una única orientación noroeste-sureste
y abiertos al poniente. Están flanqueados por altas y afiladas
cresterías rocosas con altitudes que oscilan entre 1900 Y
2000 mts.
El valle del Lillas es más abierto y extenso que el del Zarzas,
presentando profundos barrancos en ambas laderas, teniendo los barrancos
del Paraíso, Chozos y Carretas en la ladera derecha y Valdehorcajo
en la izquierda.
El valle del Zarzas es más angosto y presenta asimetría
entre sus laderas, mientras que la izquierda es homogénea
y sin rupturas, la derecha, dominada por afloramientos y escapes
rocosos, está jalonada por multitud de barrancos de fuerte
pendiente como los de Tejera Negra y la Laguna, que además
se ramifican en su cabecera.
El mayor atractivo del Parque lo constituye la
masa forestal de hayas (Fagus sylvatica), una de las más
meridionales de la península, con una extensión cercana
a las 400 Has.
Estas masas han sobrevivido en los lugares más inaccesibles
a la obtención de leña y carbón vegetal, así
como a la roturación con objeto de crear pastizales para
el ganado.
ITINERARIO PRINCIPAL
"Senda de las carreteras" Es el más interesante, con una duración
de 3b-3,5 h señalizado con marcas de pintura blanca. Salimos de la zona de aparcamiento subiendo por la
orilla del río Lillas, donde se asientan pastizales cespitosos
húmedos altamente nutritivos Estas praderas resultan muy
del agrado del ganado local y constituye la base de su alimentación
desde finales de primavera hasta primeros de otoño.
Los topos y topillos aprovechan la frescura y esponjosidad de estos
suelos para excavar las galerías donde capturan gusanos de
tierra, coleópteros y larvas. Aunque sea muy difícil
verlos, su presencia es palpable por los montones de tierra que
dejan por toda la superficie tras sus salidas. A veces la senda se separa del río para continuar
bajo la sombra del pinar de pino silvestre, inconfundible por su
corteza de color asalmonado (más evidente en las partes altas
del árbol), sus pequeñas piñas y sus acículas
Hefferillocomún (hojas en forma de aguja) de 3- 7 cm. de
longitud. Entre los inquilinos del pinar se encuentran muchos pájaros
insectívoros (carboneros, herrerillos y pinzones), rapaces
diurnas (azor; gavilán), rapaces nocturnas, distintos mamíferos
(jabalí, corzo, zorro, ardilla) y algún ave migratoria
como la que se delata por el cu-cu de su canto. Al cuco se le puede
escuchar en primavera-verano una vez que ha llegado desde sus cuarteles
invernales africanos a criar en nuestros bosques. Al llegar al lugar donde un arroyo vierte sus aguas
al río Lillas nos desviamos a la izquierda abandonando la
senda estrecha por la que discurríamos para proseguir por
una senda ancha de 2 m. El río Lillas junto con el río
Zarzas, son los dos cursos principales de agua del Parque a donde
vierten multitud de arroyos. La irregularidad de los caudales de
ambos ríos, que en el caso del Lillas durante el verano puede
llegar a secarse, ha limitado la fauna asociada, siendo la trucha,
la bermejuela y pequeños mamíferos insectívoros
adaptados a las condiciones acuáticas como el musgaño
de Cabrera, sus mejores representantes. La senda ancha, también
llamada senda de carretas porque la utilizaban para bajar por ella
en carros el carbón obtenido en el hayedo, discurre paralela
al arroyo. Observaremos los primeros melojos, marojos o rebollos,
árboles que tienen una asombrosa capacidad de rebrotar (abundantemente)
de raíz. El nombre específico de este roble, pyrenaica,
es poco afortunado al faltar casi por completo en los Pirineos.
Sus hojas, lobuladas, se mantienen en el árbol secas durante
gran parte del invierno, peculiaridad denominada "marcescencia".
Igual tenemos la suerte siguiendo por la senda de ver una especie
vegetal de gran belleza como es la Digitalis, que se caracteriza
por tener un vástago que puede alcanzar hasta 2 metros de
altura, hojas ovales alargadas algo blanquecinas en su envés
y flores rojas colgantes como campanillas del vástago. Cuidado
con sus hojas, que son venenosas y cuya ingestión puede convertir
en tragedia el feliz paseo.
A medida que vamos ascendiendo aparecen las primeras hayas, al principio
aisladas y luego ya formando bosquetes. El haya es una especie arbórea
de clima suave (soporta mallas heladas tardías) y húmedo
(sin sequía estival), por lo cual se encuentran en el Parque
en una situación límite fuera de su óptimo
ecológico. Esto último junto con su carácter
relíctico otorgan un enorme valor botánico a estos
hayedos, cuya conservación ha dado lugar a la creación
del Parque Natural. Tras un suave paseo, cruzamos el arroyo y llegamos
a la carbonera, formada por pilas de leña cubiertas de hojarasca
y tierra, que tras una lenta cocción de la leña va
perdiendo su humedad y convirtiéndose en carbón vegetal
en un proceso que como término medio duraba diez días. Dejamos la carbonera continuando por una senda estrecha
que discurre por el Hayedo hasta cruzar un arroyo con helechos en
sus orillas y proseguimos remontando otro arroyo que se junta al
anterior. En la masa boscosa mixta de hayas y pinos bajo la que
caminamos, anidan dos rapaces nocturnas como el cárabo (ojos
negros y sin "orejas") y el búho chico (ojos amarillo-
anaranjados y "orejas"). Crían en nidos viejos
de aves o ardillas o en huecos de árboles. Tras cruzar el arroyo empezamos ascender por la parte
más empinada del itinerario. Formaciones arbustivas de matorral
sustitutorias de antiguos bosques bordean la senda. Predominan los
matorrales de leguminosas con flores amarillas amariposadas y ramillas
flexibles y alargadas que han sido utilizadas para Brezoblanco confeccionar
escobas, caso de la retama negra y de la retama blanca. Pero también
hay matorrales de brezo sobre estos terrenos desprovistos de cal,
con flores muy pequeñas agrupadas en los extremos de las
ramillas, de color blanco y de color rosado, muy visitadas por las
abejas. Una vez terminada la pequeña ascensión y antes
de proseguir con nuestro itinerario a través de la senda
ecológica, podemos desviarnos un momento a la derecha y disfrutar
de la vista panorámica que se ofrece desde la pradera de
Matarredonda.
Después de ello recuperamos la senda ecológica a la
largo de la cual hay una serie de paneles interpretativos de elementos
de la flora y fauna del Parque. Al acabar la senda ecológica
comienza el descenso. Unos mojones de piedra nos sirven de guía
en esta zona de piedra suelta, donde la gayuba tapiza los pequeños
taludes y la roca desnuda con sus hojas de un color verde oscuro
brillante. Sus frutos son de color rojo cuando maduran en otoño,
comestibles aunque de sabor insípido, áspero y poco
jugoso. Continuamos descendiendo por la senda estrecha, hasta llegar
a una pequeña pradera. A continuación atravesamos una gran extensión
de matorral de estepas, brezos y retamas sobre el que sobresalen
los pinos silvestres. La estepa, representante en el parque del
genero Cistus propio de ecosistemas mediterráneos, es resistente
al frío, de grandes flores blancas, hojas con borde algo
rizado y corteza que se desprende en tiras y antes de que nos demos
cuenta, hemos llegado al final de nuestro itinerario.
ITINERARIO
"Valle del río Zarzas" Tiene una duración de 5h-5,5 h. señalizado
con marcas de pintura roja. Salimos de la zona de aparcamiento por
la pista forestal por la que hemos llegado. A 50 m a la derecha
cogemos la senda ancha abierta entre el matorral de estepa, brezo
y retama sobre el que sobresalen los pinos silvestres. Veremos señales
blancas (además de las rojas) en pinos y piedras. La explicación
de ello es que este tramo de itinerario (zona de aparcamiento-collado
del Hornillo) es común para los dos itinerarios. Llegamos
a una pequeña pradera para continuar por una senda estrecha
entre pinos. Tras un periodo de suave ascenso llega la parte más
empinada señalizada a veces con mojones de piedra. En esta
zona más protegida la gayuba tapiza suelos y taludes protegiéndolos
de la erosión.
Hemos alcanzado el collado del Hornillo donde existe una serie de
paneles interpretativos y de donde sale una senda ecológica
que discurre bajo el hayedo. Esta senda ecológica forma parte
del otro itinerario. Atravesamos la puerta del Parque para continuar
por la pista forestal que durante siete Km. discurre paralela al
río Zarzas.
Entre las hayas, rebollos y pinos silvestres que flanquean la pista,
la más abundante de la aves insectívoras en el parque,
el petirrojo, revolotea ante la atenta mirada del azor.
Cerca de la señal que nos marca el Km.4 una espléndida
panorámica sobre el valle, observando a mano izquierda el
barranco de Tejera Negra que da nombre al Parque Natural, con una
vegetación arbórea muy valiosa a base de abedules,
serbales, mostajos y acebos.
Tras rellenar la cantimplora en una fuente situada a la orilla de
un arroyo que atraviesa la pista, llegamos al final de ésta.
La vuelta se realiza por la misma pista forestal que hemos seguido
a la ida. No sería extraño ver, cruzando la pista,
algún corzo que por su abundancia y adaptabilidad es el mamífero
más representativo del Parque.
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