| Ruta por la arquitectura Negra
Los pueblos que conforman la arquitectura negra
de Guadalajara constituyen una de las rutas más interesantes
de cuantas ofrece esta provincia. Situados en
la parte noroeste y dominados por la Sierra de Ayllón, con
el pico Ocejón de 2.048 metros de altura destacando por encima
de todo, el paisaje se adorna con el embalse de El Vado y los ríos
Jarama y Sorbe.
Estos pueblos han sido propuestos para que se consideren Patrimonio
de la Humanidad por la UNESCO por el valor etnográfico de
sus construcciones populares. En esta comarca también es
objeto de protección otro tipo de construcciones, conocidas
como arquitectura dorada, en las que prima el uso de cuarcitas y
calizas para los muros y la pizarra en las cubiertas.
El inicio de la ruta lo marcamos en Cogolludo, donde el viajero
puede abrir boca no sólo con sus acreditados asados sino
también con la belleza singular de la Plaza Mayor (siglo
XV), que preside el Palacio de los Duques de Medinaceli. Es esta
una de las primeras muestras del Renacimiento en España y
también de las más brillantes. No podemos abandonar
esta localidad sin conocer la Iglesia de Santa María -del
siglo XVI- y el castillo.
Otro de los puntos emblemáticos de la comarca es Tamajón,
puerta propiamente dicha de la arquitectura negra. Destaca la ermita
de Nuestra Señora de los Enebrales, del siglo XVIII. Cuenta
dentro de su arquitectura civil con el Palacio de los Mendoza, mientras
los parajes de enebros y peñascos erosionados por la acción
de agua y el viento nos transportan a la llamada Ciudad Encantada,
espacio idóneo para el esparcimiento en contacto con la naturaleza.
la siguiente parada bien puede ser Retiendas, con los restos del
monasterio cisterciense de Bonaval (siglo XII) como hito más
destacado, sorprendiendo al viajero por su carácter evocador
dentro de un frondoso bosque. Desde allí, en dirección
al embalse de El Vado, el viajero se encontrará ante un aluvión
de bellas panorámicas y tres entornos cautivadores como son
Matallana, La Vereda y Valdesotos.
las nuevas paradas ofrecen ya en Campillejo y El Espinar importantes
muestras de la arquitectura negra en todo su conjunto. Algo similar
a lo que ocurre con Campillo de Ranas, que además posee como
orgullo del que disfrutar el paraje del Valle del Arroyo del Soto.
Robleluengo, el siguiente punto donde hacer una parada, nos lleva
a fijarnos en su típicamente serrana calle Mayor y en el
paraje del Valle de Majaelrayo.
y llegando ya al pueblo al que le da el nombre este entorno -Majaelrayo-,
diversas sendas conducen a la cima del Ocejón. En el camino
se puede recrear la vista con la Cascada del Arroyo de la Matilla.
Deambular entre el caserío permite admirar un amplio muestrario
de la arquitectura negra en las contrucciones. En cuanto a las fiestas,
sin duda hay que detenerse aquí si se llega en el mes de
enero para disfrutar de la del Santo Niño.
Almiruete y Palancares no alteran la fisonomía peculiar de
esta arquitectura al tiempo que también ofrecen otros atractivos
entornos de bosques de robles o singulares muestras folclóricas
como la tiesta de las Botargas y Mascaritas en el mes de marzo,
en Almiruete.
El final de la ruta lo fijamos en Valverde de los Arroyos, un pueblo
con una perfecta simbiosis entre su conjunto arquitectónico
popular -basado en la Plaza Mayor, las calles y las casas con típicas
balconadas de madera- y el paisajístico, donde la visita
a la Chorrera de Despeñalagua es inevitable. Numerosos arroyos
y torrenteras confirman el porqué del nombre del pueblo y
forman un bello panorama en su descenso vertiginoso por los picachos
del Ocejón, las Piquerinas y el Cerro del Campo.
En julio se celebra la fiesta de La Octava del Corpus, protagonizada
por los danzantes y el teatro en la calle.
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